DÉJATE SENTIR. Emociones y postparto.

¡Buenos días!

Aquí estoy de nuevo, después de un mes y medio sin pasarme por aquí, te echaba de menos.

Hoy quiero compartir contigo una asesoría curiosa de hace unos días. (Es una situación verídica, no me la estoy inventando).

Una mamá, de unos treinta y pocos que hacía 3 días que había dado a luz, llega a nuestra consulta para “aparentemente” únicamente consultar sobre postura en la lactancia.

– Yo: ¡Hola bienvenida!, ¿cómo te encuentras?

Ella en ese mismo instante me mira y comienza a llorar desconsolada. Miro a mi compañera de asesoría buscando en sus ojos una señal de si había pronunciado mal o si yo me había perdido algo o yo que se…y ésta me hace una señal para que siga preguntando.

-Yo: ¡Vaya, parece que estás muy cansada! ¿te apetece un té y nos cuentas?- Aquí en Londres todo se arregla con un té- deja el carrito por aquí y ahora vamos con el peque, tranquila.

-Ella: Si por favor, disculpa por empezar a llorar, ¡No se qué me pasa! es que hasta ahora nadie me había preguntado cómo me encuentro yo.

-Yo: Nada, no te disculpes por llorar. Cuéntanos, ¿qué tal fue tu parto?…

Ella sonrió y comenzamos la asesoría normal  y corriente, como si nada… y fueron saliendo uno a uno las diferentes vivencias de esta mujer en referencia a  esos primeros días de vida de su hijo…parto hipermedicalizado, habitación hiperpoblada, casa con suegra durmiendo en la habitación de al lado, y otras cosas “tan normales” y “tan por su bien” que había hecho todo el mundo.

Creo que este post en vez de haberlo titulado como lo he hecho debería haberlo titulado como, “la madre… esa gran olvidada del postparto”.

Es básico que las mujeres seamos capaces de validar nuestras emociones y sentimientos postparto.  Y que no se nos incapacite para la toma de decisiones tras el nacimiento de nuestros hijos. Aunque estemos agotadas, asustadas, no implica que no seamos CAPACES. No todo es depresión postparto, no debemos estar hipervigiladas. Por supuesto que hay casos en los que es necesario, pero no es la norma.

Muy al contrario, tras el nacimiento de nuestro hijo NECESITAMOS sentirnos tiernas para estar más predispuestas a mostrar el amor a nuestro hijo. Sensibles, irritadas diría, para ser capaces de estar alerta ante posibles peligros que puedan surgir. Hambrientas para recuperarnos del esfuerzo físico tan grande que es un parto. DESNUDAS para tener el pecho dispuesto para la lactancia. Y ésto, si no se nos deja tranquilas, es muy complicado que pueda hacerse.

También, nos sentiremos tristes diciendo adiós a la vida que teníamos, pero alegres y satisfechas por haber conseguido llevar a término un embarazo y el nacimiento de nuestro hijo (que es un milagro, aunque no nos lo parezca de primeras). Son EMOCIONES NECESARIAS para acomodarnos a la nueva situación. NO ES ALGO ENFERMIZO, NI EGOÍSTA NI DE HIPPIES…Creo que el reprimir esas emociones necesarias, puede llevarnos luego a sentirnos frustradas, enfadadas y poco vinculadas a nuestro bebé.

Que no te hagan sentir culpable por ser como debes ser…DÉJATE SENTIR…y que el que o la que no haya vivido su maternidad/paternidad libremente no te pase sus frustraciones y miedos. TU HIJO Y TÚ SOIS ÚNICOS.

Estoy segura de que aunque tú no seas de “tribus” y que consideres todo ésto como de hippies y perro flautas….lo has sentido, si no es así, cuéntamelo, ¿vale?

¡Un abrazo!

Nazaret.

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